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En La doble actividad del acróbata Juan Luis
San José ha sabido trenzar una historia atemporal
y singular en la cual las sorpresas, la intriga y
un finísimo sentido del humor se dan la mano
en cada página. Un lujo que escapa de las leyes
del mercado editorial y que busca la complicidad con
el lector.
"Hay novelas que son como autopistas: uno se
coloca en la primera página y circula por la
narración, en una estructura lineal, a gran
velocidad y dejando atrás kilómetros
de tópicos y de lugares comunes, sin ninguna
necesidad de tomar decisiones porque el autor ya las
ha tomado por nosotros, y donde sólo cabe esperar
el final del viaje; ese final al que llamamos desenlace,
donde el lector paga el peaje y el protagonista resuelve
el enigma o la trama que sea.
Transitar por La doble actividad del acróbata
supone, sin embargo, tener otra actitud al volante.
La estructura es diferente. Aquí el conductor
opta por las carreteras secundarias, no hay ninguna
prisa por llegar a ninguna parte; se puede contemplar
el paisaje, se puede dar un rodeo para hacer una visita
a ese pariente que vive a un par de kilómetros
subiendo la loma, se puede parar para fumar un cigarrillo
o para echar una meada.
En La doble actividad del acróbata se cuenta
una historia (siempre hay una historia), pero esa
historia está narrada desde diferentes voces
y desde diferentes ángulos. Es una historia
de escritores, de pésimos escritores que buscan
la gloria literaria en una época políticamente
turbulenta y de contornos difusos; estamos en los
años treinta, pero también en los cuarenta,
y en los años sesenta, jugando siempre con
una especie de atemporalidad que no puede ser explicada
a priori, sino que, dejando a salvo la verosimilitud
del relato, ha de ser aceptada.
Uno de los protagonistas de esta historia es el propio
lenguaje, tomado éste como elemento puramente
instrumental que sirve, en su desmedida, para revelar,
a modo de espejo curvo, la naturaleza grotesca de
las situaciones por las que se mueven los esforzados
actores del "drama". Por medio del lenguaje
se establece el contraste entre dos planos: lo elevado
de las pretensiones tanto estéticas como políticas
que persiguen los personajes, y lo barato del resultado:
la pura chapuza disfrazada de trascendencia.
La elección de esta forma de narrar, alejada
de códigos convencionales, donde lo esencial
no se muestra sino que se sugiere, no repercute, sin
embargo, de una forma negativa en la novela: la historia
que se narra no es impenetrable ni caprichosa; está
perfectamente señalizada y, a excepción
de Hernández y Fernández, ningún
conductor se ha perdido nunca en carreteras locales
o comarcales".
Juan Luis San Josˇ
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